Audi R8 Black & White

Audi R8

La marca de los cuatro aros entra en el segmento de los coupés deportivos de altas prestaciones por la puerta grande. Por concepto, por estética, por tecnología y por efectividad, el R8 se hará un merecido hueco en el mercado de los coches que causan sensación. Bienvenido.

Audi es una marca de contrastado prestigio en el ámbito internacional, pero faltaba en su haber ese modelo superdeportivo que marca diferencias, que emana un dinamismo casi irracional y cuya presencia introduce al fabricante en ese selecto grupo de constructores que producen en serie auténticas joyas del asfalto de altas prestaciones.

La experiencia de Audi en competición, auténtico “laboratorio” para el desarrollo de un coche de estas características, ha sido fundamental. De hecho, el nombre viene de uno de los más míticos modelos de la historia reciente de la marca, el R8, un vehículo con el que Audi ha ganado las 24 Horas de Le Mans en cinco ocasiones y ha sumado seis títulos en el certamen norteamericano de resistencia ALMS (American Le Mans Series). Incluso, el prototipo del actual R8, que se presentó en el Salón del Automóvil de Frankfurt en 2003, recibía el nombre de Le Mans, y lo cierto es que no han sido muchos los cambios que ha presentado la versión definitiva.

En la concepción del R8 de serie se ha tenido en cuenta no sólo la creación de un deportivo de altas prestaciones, sino también un vehículo que sea abordable a la hora de conducir, cómodo y seguro. Es decir, que la racionalidad se antepone a las prestaciones, aun cuando éstas son impresionantes.

El R8 es un coupé de dos plazas con una estampa agresiva, pero también elegante. De un primer vistazo, destacan las tomas de aire delanteras y laterales, lo cual ya anti cipa que no estamos ante un vehículo cualquiera.

Los tradicionales cuatro aros que identifican a la marca están insertados en el capó, en lugar de en la parrilla, como es habitual en Audi.

El perfil es bastante alargado, pues no en vano mide más de 4,4 metros. La batalla es también larga, con 2.650 milímetros entre eje delantero y posterior. Y como no podía ser de otra manera, destaca su anchura, que llega a los 1.904 mm.

El equipo de ruedas tiene diferente medida (ver ficha técnica) según el eje, pero se recurre en todo caso a unas llantas de aleación de 18 pulgadas, que, en opción, pueden llegar a ser de 19”.

Sus medidas, el motor y todo el equipamiento dejan el peso total del conjunto en 1.560 kg, lo cual es algo elevado, comparándol o con otros vehículos de esta naturaleza. Para hacerlo más ligero, se han utilizado materiales como el aluminio y el magnesio, tanto en el bastidor como en el resto de la estructura del coche.

El interior tiene un ambiente marcadamente deportivo, como no podía ser de otra manera, pero mezclado con el toque de lujo habitual en Audi. Todos los detalles se han cuidado al máximo, como se puede apreciar mirando y tocando los elementos en madera y piel que nos rodean, pero siempre con la ergonomía, el cuidado al conductor, como premisa principal. El panel de información y los mandos principales están orientados hacia el conductor. El volante tiene la parte inferior recortada, y la versión con transmisión automática R-Tronic dispone de levas para manejar el cambio.

Los asientos son muy cómodos y recogen bien el cuerpo, pero si queremos una sujeción plena podemos recurrir a los asientos deportivos, tipo bacquet, en piel que se ofrecen como opción.

Detrás de las butacas hay un espacio a modo de segundo maletero (el primero está bajo el capó delantero, y tiene una escasa capacidad de 100 litros), con un volumen de 90 litros.

La mecánica elegida para dinamizar al R8 es un 8 cilindros en V ubicado en la parte central posterior cuya potencia asciende a los 420 caballos. Cubica 4,2 litros, es atmosférico y está alimentado por medio del eficiente y económico sistema de inyección directa de gasolina bautizado en su día en Audi como FSI.

Según las cifras oficiales, la potencia máxima se obtiene en un régimen de vueltas bastante alto, 7.800 revoluciones por minuto, con un par máximo constante entre las 4.500 y 6.000 vueltas.

Asociado a este motor, hay dos posibilidades de transmisión: una R-Tronic de seis relaciones (opcional) con embrague pilotado y, para los que prefieren un absoluto control del motor, una manual de seis velocidades. Esta última se beneficia de un tacto muy agradable y de una ejecución rápida a la hora de cambiar marchas, mientras que la avanzada y nueva tecnología del R-Tronic deja todo en manos de la electrónica. Fruto de ello, existe también la posibilidad de elegir entre dos programas de funcionamiento, normal y “sport”, este último para una conducción de corte deportivo.

Como particularidad, en el R8, a espaldas de conductor y acompañante, hay un panel transparente a través del cual se puede contemplar el motor.

Por su parte, el sistema de tracción quattro ayuda a disponer en todo momento –mediante embrague viscoso– del reparto de fuerzas óptimo en cada eje, y la suspensión adaptativa “Magnetic Ride” (opcional) adecúa su dureza al tipo de carretera y al tipo de conducción que se está efectuando.

Si por algo se caracteriza este nuevo deportivo, es por ofrecer la posibilidad de rea lizar una conducción normal y no ir al dictado de una respuesta y unas reacciones bruscas, lo cual siempre se agradece. Pero si lo que queremos es sacar partido a la mecánica y la tecnología asociadas al R8, basta con pisar con empeño –y cuidado– el acelerador.

A pesar de la apreciable entrega de potencia, el coche se comporta muy bien –ayudas electrónicas en forma de control de tracción y estabilidad contribuyen a ello– y el disfrute en carretera es máximo. La aceleración es brutal, y la velocidad que puede alcanzar –más de 300 km/h según las cifras oficiales– invita a tener precaución.

La posición del motor y el estudiado reparto de pesos hacen que la respuesta del conjunto sea noble y previsible, tanto en las zonas rápidas como en las viradas. La respuesta del cambio R-Tronic, sobre todo con la función “sport” habilitada, es inmediata, tanto desde el volante como a través de la palanca secuencial.

Llama la atención también el juego que da la suspensión, confortable y de cierta dureza siempre, pero más enérgica cuando se requiere.

El equipo de frenos está a la altura, sobre todo si disponemos de los discos cerámicos que se ofrecen como opción. No hay desfallecimiento, sea cual sea el ritmo.

Con todo, y visto lo visto, sin duda el R8 abre un capítulo importante en la historia de Audi, marca que ahora dispone de un candidato serio a consagrarse en el “Olimpo” de los vehículos de altas prestaciones. Los rivales mirarán de reojo su trayectoria, que, con un precio que parte de los 116.800 euros, seguro que será más que satisfactoria (el R-Tronic cuesta 124.750).

Ya se admiten pedidos.

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