Capítulo 4

Capítulo 4: Dulce Momento

-¡Edwar Steinblack! Localízame su dirección, dime todo lo que haya sobre él en nuestros archivos.- Ted había recuperado su fervor nuevamente, tanto que vociferando asusto a uno de los empleados a los que se dirigió nada mas salir de la sala. Y era normal, verle exaltado no era demasiado agradable. Siempre había sido una persona que emanaba su estado de animo por cada poro de su cuerpo, un aura que hacia sentir a las personas de alrededor lo que había dentro de el sin necesidad de emitir ni una sola palabra.
-Ss… si, agente Findley.- El pobre hombre no se esperaba tener que soportar la arremetida personal de Ted, y menos a esas horas de la noche. Soltó un envase de comida china que se estaba comiendo justo antes de que le interrumpieran y lo miro como despidiéndose de el para siempre, justo antes de sentarse frente al ordenador.
Mientras, Tyler se despidió del Dr. Warter y le agradeció haberse tomado la molestia de ocuparse tan rápido de este asunto. Normalmente estas cosas tardaban en dar resultados un par de días pero él había sido rápido y eficiente, ¿debido quizás a tratarse de un caso para el agente Findley? No sabia si le temían o le respetaban demasiado.
Salió a la sala contigua, y la escena que diviso le resulto tan cómica que no pudo evitar sonreír levemente. Ted estaba delante del ordenador en el que el empleado de la agencia buscaba la información, esperándole como un padre espera a que su hijo le entregue las notas.
-Vamos, mi madre tardo menos tiempo en parirme.- Mientras presionaba al joven empleado no paraba de golpear rítmicamente la yema de sus dedos en la base del ordenando. No se daría cuenta por sus prioridades, pero no hacia mas que poner nervioso al pobre empleado que solo tenia como meta para hoy cenar y marcharse a casa.
-Ss..Siento la tardanza agente Findley. Ya lo he localizado: Edwar Steinblack, Coo…
-Coon Creek Street numero 15, te tengo hijo de puta.- Ted no le dejo terminar de hablar auque tampoco le importo mucho por que apenas había terminado de leer la pantalla cuando ya se dirigía al ascensor.
Tyler estaba justo al lado del botón de llamada y lo pulso mientras veía acercase a su compañero, ya empezaban a conocerse, por que si cualquier desconocido viese a Ted nervioso no se entrometería en su camino ni siquiera para intentar ayudarle.
- Esta muy cerca de Round Lake, hay una comisaría allí, solicitare que envíen un par de patrullas de refuerzo mientras nosotros llegamos.- Ted asintió inmediatamente, no como si estuviese de acuerdo sino más bien por seguir el protocolo.
El ascensor acababa de llegar y ambos entraron en él, de puertas para adentro los dos agentes aguardaron en silencio a alcanzar el piso superior y de puertas para afuera el joven empleado pudo recuperar su calma robada tan apresuradamente y como no, sus fideos con gambas, ahora fríos.
Cuando salieron de la agencia, Tyler ni siquiera le propuso a su compañero que le dejase conducir, lo mejor para todos seria que Ted descargase adrenalina conduciendo y no sobre el cuerpo de nadie. Era algo a lo que ya estaba acostumbrado después de todo, su coche era una gatito al que le gustaba ronronear cuando lo acariciaban. Un Mercedes CLK63 negro con todos los cristales tintados de negro, un diseño con un numero limitado de unidades, todas ellas destinadas a la agencia G.A.C. Esto podía ser una ventaja o un inconveniente ya que con el paso de los años la agencia había estado reclutando una serie de sujetos que, como el mismo Findley, hacían buen uso de la inmunidad judicial que su trabajo conllevaba a la hora de conducir. Aun no había ocurrido ningún accidente registrado por parte de ningún miembro de la agencia pero más de quinientos caballos y un pie pesado puede ser una buena mecha.
Inmediatamente después de sentarse en el asiento de copiloto, Tyler se abrocho el cinturón de seguridad y encendió el ordenador de abordo para dar la alerta. Pero parece que no fue lo suficientemente rápido por que nada mas montar su compañero el coche salió proyectado del aparcamiento sin previo aviso. Cuando consiguió dar el aviso moviéndose de un lado para otro apago el ordenador e intento relajarte dentro de lo que podía permitirse en esa situación.
-Ted, ¿no te parece demasiado rato todo esto?
-Si, ya lo creo. Ese cabrón monta esa jodida carnicería y ni siquiera se preocupa por que no le pillemos, o es demasiado listo y se nos a pasado algo o es demasiado imbécil.- La terapia de velocidad surtía su efecto, parecía mas relajado ahora.
-Te sorprendería la cantidad de paletos del sur que les da por matar a sus damiselas cuando las descubren con sus hermanos en la cama, no creo que nos enfrentemos a nadie peligroso. Hasta ahora lo único que le diferencia de los demás es su originalidad y pronto acabara como el resto.- Tyler saco su arma para contar las balas de la recamara, viejas costumbres.
-La falta de experiencia habla por ti. Es cierto que la mayoría de tipos que nos encargan son basura, pero nunca los subestimes a pesar de ello. Con el tiempo te darás cuenta de que no todos son iguales y si los tratas de la misma manera se te escapara el verdaderamente peligroso entre la morralla.- A pesar de las velocidades que solía frecuentar al volante, Ted no era un conductor descuidado pero cuando termino la frase a modo de instrucción miro a su compañero a la cara unos segundos.
Habían alcanzado su destino, el distrito de Round Lake. Una zona poco frecuentada debido a que era de alto nivel económico, tiendas lujosas, campo de golf, pero nada para la gente de a pie. Ted aparco el coche y salieron de él al darse cuenta de que dos patrullas de policía se encontraban unas calles mas allá. Al parecer la calle que buscaban estaba algo apartada de la zona económica en cuestión.
Los cuatro agentes de policía guiaron a los agentes a paso rápido hasta la misma entrada de la casa de su objetivo. Una casa modesta, con un jardín medianamente cuidado y un par de setos cerca del limite con las casas colindantes, un porche con unos bancos de madera respaldados con mantas y una puerta de madera envejecida por no haber sido tratada la madera desde hace mucho tiempo en la cuela colgaba un cartel: “Dios bendiga esta casa”
En definitiva una acogedora puerta, que Ted hizo saltar en astillas con la suela de su zapato. Tan pronto como la puerta se vino abajo Tyler saco su arma y entro en la habitación, los policías sobresaltados por la irrupción sin previo aviso desenfundaron sus armas para respaldarles.
El ambiente estaba cargado, sobre el tercio superior de toda la habitación era fácilmente perceptible una nube de humo que se deformaba al son de una música de jazz que emitía una vieja radio de sintonizador manual, por lo que conservaba algunas interferencias. A parte de eso nada se salía de lo normal, muebles habituales, el típico color pastel hortera en las paredes, y en el fondo de la habitación un sofá mirando hacia una estantería de tal manera que su respaldo apuntaba a la entrada. En el reposabrazos se apreciaba una mano sosteniendo una copa ancha con un par de cubitos medio deshechos en un liquido amarillento a través del cual pasaba la luz de la ventana, reflejándose este en el suelo.
-Caballeros, ¿puedo ofrecerles una copa?

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